TECNICAS


El entrenamiento (keiko)
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Actuzalizado 2009-11-23

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La esencia del entrenamiento (keiko) en la cultura japonesa

La esencia del keiko en la cultura japonesa
Adquisición de la técnica (waza) y secreto del kendo
Hiroshi Ozawa
Catedrático de la Universidad Científica de
Tokio
Kendo Kyoshi 7º Dan
© Kendo Academy Press, Tokio, 2005
La esencia del entrenamiento (keiko) en la cultura japonesa

ÍNDICE
Esencia del entrenamiento (keiko) en la cultura japonesa
Introducción
1. Marco del entrenamiento y relación maestro-alumno
a. ¿Qué es kishomon?
b. Relación con el maestro
2. La primera lección del alumno antes de aprender técnicas
3. Entrenamiento del alumno pupilo
4. Entrenamiento y búsqueda
5. Un mundo sin fin
6. El secreto del kendo y “La habilidad hambrienta del gato”
Sumario
Referencias
Apéndice 1
Apéndice 2
La esencia del entrenamiento (keiko) en la cultura japonesa


Introducción
Cuando se aprenden artes marciales u otras artes escénicas tradicionales japonesas,
a menudo se utiliza el término keiko, que quiere decir práctica y entrenamiento. El término lo
forman dos caracteres chinos que quieren decir “antigüedad” y “pensar” o, más
específicamente, “reflexionar sobre las cosas del pasado; o aprender su lógica leyendo
viejos libros y refiriéndose a materias antiguas”, de acuerdo con el diccionario japonés.
Desde que practico y me someto diariamente a la disciplina del kendo, me siento
obligado a demostrar que estoy aprendiendo. Constantemente me doy cuenta de la
importancia de practicar lo que he aprendido incluyendo todas las acciones. Basándonos en
mi conocimiento empírico y las entrevistas con los grandes maestros de las artes japonesas,
descubriremos la esencia del keiko (entrenamiento) en el kendo a la vez que las similitudes
entre las artes japonesas y las artes marciales.
Nuestro principal objetivo es aprender los detalles acerca de la adquisición de la
“técnica” que subyace en el sistema magistral. En el kendo y el judo, el enfoque principal es
usar tu técnica para atacar y derribar al oponente para ganar el encuentro. La validez acerca
de cómo se obtiene un golpe (ippon) es inmensurablemente importante. Por tanto, la
adquisición de la técnica es la clave para aprender las artes marciales y otras artes
escénicas. Sin ello, no hubieran sobrevivido tanto. ¿Cómo ha pasado esto de generación en
generación?
Para encontrar la respuesta, primero tendremos en cuenta el “sistema magistral”, que
es la forma fundamental en que se traspasa el secreto de las artes marciales y otras artes.
El sistema se ha examinado a partir de tres teorías principalmente: la teoría del arte con
énfasis sociocultural; la teoría de la “casa” desde una perspectiva social; y la teoría de la
relación maestro-alumno a través del aprendizaje de técnicas desde una perspectiva
educativa. Esta tesis discute el “sistema magistral” desde la perspectiva de la tercera teoría.
1. Marco del entrenamiento y la relación maestro-alumno
Cuando había, en el pasado, varias escuelas (ryuha) de kendo, uno debía pertenecer a
una de ellas para aprender esgrima. Cuando se convertía en alumno de una escuela de
kendo y pedía a su maestro que le enseñase la esgrima, tenía que hacer una cosa por su
maestro. Debía escribir un kishomon o juramento para hacer una promesa a su maestro.
Debía igualmente seguir las “reglas de la escuela” (dojo-kun), “reglamentos” (sadame) y
“códigos” (okite).
La esencia del entrenamiento (keiko) en la cultura japonesa

a. ¿Qué es el kishomon?
Cuando uno deseaba aprender en una escuela de esgrima y encontrar un maestro
excelente, se le exigía que firmase el kishomon de seguir a su maestro lealmente, jurar a los
dioses que se dedicaría devotamente a la práctica, seguir la tradición de la escuela, guardar
los secretos de la escuela, y guardar estrictamente los documentos confidenciales de
iniciación incluso ante los familiares.
Después de convertirse en alumno, debía respetar fielmente a su maestro y no podía
mantener un combate sin su permiso y sin desprestigiar a su escuela Sin licencia para
enseñar otorgada por su maestro, era imposible convertirse en maestro de una escuela en
otros países. Si el juramento se quebraba alguna vez, sería castigado por los dioses. Para
probar que empeñaba su alma, se hacía un corte en el dedo y sellaba con su propia sangre
(keppan: un juramento de sangre). Los dioses a los que se hacía el juramento eran los
dioses en los que creía, lo cual representaba su sinceridad. Esa era una regla (okite) a
seguir cuando un alumno se convertía en alumno de una escuela.
b. Relación con el maestro
Hay un proverbio japonés que dice: “Conviene esperar tres años para encontrar un
maestro excelente”. Esperar no quiere decir esperar con la mente ausente, sino tomar la
iniciativa en la búsqueda del maestro. El maestro de un alumno no era necesariamente un
buen maestro para otros. Sólo la confirmación de cada uno puede asegurar que será capaz
de respetar al maestro hasta el fin. Sólo cuando se escoge de esa manera al maestro y se
convierte en su alumno, se es capaz de seguir los reglamentos y códigos de la escuela.
Si un alumno luchaba contra alguien y le hería gravemente, eso afectaba a su familia,
superiores, y señor; y podía ser motivo de desgracia también para su maestro de esgrima1.
En las artes marciales y otras artes escénicas japonesas, el principal elemento es la
waza (técnica) que se ha transmitido. La relación maestro-alumno ha desempeñado una
función crucial en la conservación de la técnica y su transmisión a la siguiente generación.
Si uno se inicia en las artes marciales o en otras artes, escogerá para sí un maestro
superior, se convertirá en su alumno, seguirá su disciplina, se dedicará devotamente a la
práctica, y continuará aprendiendo para adquirir la técnica.
Con objeto de conservar la técnica, la relación ha sido ocasionalmente exclusiva y
restrictiva a causa de su solidez. Al enseñar y transmitir la técnica, la licencia de enseñanza
1 Ozawa, Hiroshi. “History of kendo”, All Japan Kendo Federation, 60-63, 2003.
La esencia del entrenamiento (keiko) en la cultura japonesa
tenía diversos niveles según el progreso. La técnica se enseñaba secretamente y no debía
ser revelada ni mencionada a otros. Era una regla estricta que había que seguir y que se
aplicaba incluso a los familiares cercanos. Si un alumno transgredía la regla, el maestro
tenía todo el derecho de expulsarlo.
Esta relación entre maestro y alumno se establece como una relación de uno a uno. La
necesidad de aprender la técnica creó esta relación de dominación. Como pone de
manifiesto Kawashima en su El sistema familiar como ideología, “la relación tenía todos los
elementos para crear una larga cadena de relaciones individuales maestro-alumno, que se
convertía entonces en un enorme grupo jerárquico”2.
Como muestra la figura 1, el grupo jerárquico piramidal se forma con un maestro en su
vértice.
Matsunosuke Nishiyama y Francis L. K. Hsu llegaron a la misma conclusión.
Particularmente, Hsu, en su Clan, casta y club, indica que el “sistema magistral” japonés no
es más que uno de los muchos ejemplos de grupo jerárquico.
La relación maestro-alumno, que es la relación de uno a uno fundamental en el sistema
magistral, es una relación humana con un maestro que posee técnicas refinadas y un
alumno que desea adquirirlas de él.
El alumno tiene como objetivo aprender las técnicas de su maestro y trabaja duro para
adquirirlas. Al mismo tiempo, el alumno se va interesando en aprender el carácter completo
de su maestro. La dedicación del alumno alcanza al maestro y éste desarrolla afecto por
aquél. Así, se establece una relación de confianza mutua basada en la motivación de
aprender. En otras palabras, la relación alumno-profesor es una relación de confianza a
través del aprendizaje de técnicas, lo cual es un elemento importante para mantener el
sistema magistral. En la relación, un alumno siempre respeta a su maestro. Este respeto se
muestra a un maestro que ha continuado aprendiendo y adquiriendo técnicas, las ha
revisado, y ha alcanzado un estado superior.
La habilidad en la técnica se denomina a veces obra de arte o técnica consumada. El
respeto se le debe a tres cuestiones: la habilidad o técnica, la disciplina hasta alcanzar el
estado superior, y el carácter completo individual que lo permite. El respeto se convierte en
la autoridad carismática que mantiene el sistema magistral. Si no fuese por el respeto del
alumno hacia su maestro, la relación de confianza no hubiese existido.
2. La primera lección del alumno antes de aprender técnicas
2 Kawashima, Takeyoshi. Family sistema as ideology, Iwanami Shoten Publishers, 333 1968.

En las artes marciales y otras artes japonesas, un nuevo alumno no comienza a
aprender las técnicas directamente. Cuando se aprenden artes escénicas, el maestro
comienza a enseñar a su alumno cómo inclinarse y otras maneras mínimas que necesita
para continuar en escena. En las artes marciales, un maestro enseña cómo sentarse en el
suelo, inclinarse mientras se permanece en el mismo y levantarse y explica las reglas para
seguir en la escuela. Sólo una vez que se han enseñado los rudimentos puede un alumno
comenzar a aprender las técnicas. Tradicionalmente, la filosofía básica de instrucción no
consiste en explicar verbalmente. Echemos un vistazo a un ejemplo de escuela de esgrima
en el periodo Edo (1603-1867).
Después de aprender las maneras básicas, un alumno comenzaba a aprender las
técnicas, que le eran enseñadas por un maestro de forma individual al principio. Sin ninguna
vestimenta protectora, enseñaba las técnicas del kumitachi, o formas con compañero y
espadas de madera. Él hacía de atacante (uchitachi o uchikata) y el alumno hacía de
defensor (shitachi o shikata), defendiéndose de acuerdo a las enseñanzas del maestro. La
intención era permitir que el alumno sintiese el momento de atacar entre cada técnica. Sólo
podía encontrarse un punto indefenso cuando la mente y el movimiento físico del maestro
no estaban dispuestos. Al atacar, la espada se paraba justo antes de alcanzar al alumno. A
través de esta técnica de enseñanza aprendía los fundamentos de mentales y técnicos y los
principios de uso de la espada tanto para ataque como para defensa. Después de adquirir
los principios mediante prácticas continuadas, el maestro le enseñaba repetidamente cómo
hacer uso pleno de esas técnicas contra técnicas inesperadas sin emplear movimientos
conocidos.
El entrenamiento del kumitachi podía desarrollarse como sigue: “Si se practica con un
principiante, un atacante le acometerá como si estuviese preparado para golpearle, pero sin
hacerlo realmente. En el siguiente nivel, el atacante realmente le acometerá. Si se practica
con un experto, un atacante le acometerá como si no estuviese preparado para golpear,
pero realmente lo hará”3.
Las técnicas no pueden adquirirse o refinarse sólo mediante la explicación verbal. Las
prácticas uno a uno de acometimiento, amenaza, ataque o defensa entre maestro y alumno
completan la adquisición.
Cuando mis alumnos me hacen preguntas sobre kendo, siempre respondo que era de
esa manera. También les digo que lo piensen detenidamente antes de preguntar: Hablando
prácticamente, necesitan practicar si no dominan determinada técnica. Después, han de
revisar la técnica y practicar repetidamente hasta que la adquieran. Tenemos una filosofía
de enseñanza original a la hora de aprender artes marciales o escénicas, que permiten al
3 Sasamori, Junzo. “Secret of Itto-ryu”. “Secret of Itto-ryu” Publishing, 92, 1970.

alumno adquirir una técnica físicamente sin emplear lógica, teoría o método intelectual
alguno. La filosofía, denominada Sanma no Kurai, quiere decir la integración de tres
elementos que incluyen el aprendizaje, entrenamiento y revisión, y se describe en el Libro
del estilo yagyu, como se muestra en la figura 2.
Encontré la misma técnica docente en la música occidental en Vida y obra de Bach, de
Forkel.
“Lo que primero hacía era enseñar a su alumno su manera única de tocar el teclado.
Para adquirir la técnica, tenía que pasar meses practicando pasajes hechos para cada dedo
con la técnica bella y definida en mente. Afirmaba que su alumno necesitaba continuar la
práctica de seis meses a un año por lo menos”4.
La siguiente cita del mismo libro explica cómo podía adquirirse la técnica:
“La única manera de conseguir un maestro impecable y superior es dejarle identificar su
objetivo como alumno y hacer que discurra a través de un difícil proceso de autoaprendizaje
y numerosos errores hasta que alcanza su objetivo. Gradualmente aprenderá el concepto
entero del arte a través de infructuosas pruebas y errores. Cada obstáculo en el camino le
ayuda a aprender cómo evitar otro. Ni que decir tiene que este viaje dura un largo periodo
de tiempo”5.
A pesar de las diferencias culturales entre Oriente y Occidente, el método de adquisición
de la técnica, que requiere prácticas continuas y revisión, prueba y error, se aplica no sólo
en las artes marciales japonesas, sino también en otras artes.
3. El entrenamiento del alumno pupilo
Un experimentado espadachín explicaba cómo mejorar las técnicas. “No hay un método
de entrenamiento especial que seguir. Todo lo que tienes que hacer es tener una buena
espada a tu lado cada día. Después de un año, tendrás buenas técnicas”. En otras palabras,
incluso aunque no recibas un entrenamiento especial, adquirirás técnicas por contacto con
el objeto genuino.
Esta teoría se aplica precisamente al entrenamiento de alumnos pupilos o internos en las
artes marciales y otras artes escénicas japonesas. Durante el entrenamiento, un maestro
sólo muestra sus técnicas sin dar ninguna instrucción. El alumno pupilo o interno vive en el
hogar del maestro y comparte su vida. Durante ese tiempo, principalmente lleva a cabo
labores domésticas, incluida la limpieza y la colada, pero no tiene un tiempo especial
asignado al entrenamiento. Sin embargo, tiene oportunidades para ver a su maestro
4 Forkel, N. J. Traducido por Shibata, Jisaburo, Vida, genio y obra de Johann Sebastián Bach. Iwanami Shoten
Publishing, 119-120, 1988.
5 Forkel, N. J. Traducido por Shibata, Jisaburo, Vida, genio y obra de Johann Sebastián Bach. Iwanami Shoten
Publishing, 118, 1988.
La esencia del entrenamiento (keiko) en la cultura japonesa


enseñando a sus alumnos “externos”, que, al contrario que los internos, visitan desde sus
casas la del maestro para entrenarse. A pesar de que sólo puede contemplar la práctica
cuidadosamente, eso es realmente una buena oportunidad para aprender y entrar en
contacto con las técnicas auténticas. Emplea su oportunidad para revisar sus técnicas
aprendiendo en silencio las técnicas y el magisterio de su maestro.
Por otro lado, se da al alumno externo la oportunidad de crearse con su imaginación una
imagen del arte escuchando la detallada explicación verbal de su maestro. En las artes
marciales y otras artes escénicas japonesas, la filosofía básica tradicional es “aprender las
técnicas aprehendiéndose de ellas”.
Aunque la técnica aprendida con toda la ayuda posible se olvida fácilmente, la adquirida
mediante la revisión repetida de la prueba y el error es difícil de olvidar.
Kozo Masuda, gran maestro de shogi (ajedrez japonés) explicaba en su libro cómo
entrenaba a sus alumnos pupilos:
“Riño a mi alumno hasta que aprende los modales básicos. Le entreno en las base y
hago añicos sus viejos hábitos […]. Es irresponsable dejarle hacer lo que quiera desde el
principio. La manera correcta es disciplinarlo primero y dejarle que sea él mismo después de
aprender las bases. Es responsabilidad del maestro enseñar las bases a su alumno, pero
después, es responsabilidad de él (del alumno) adquirir y desarrollar su propio estilo, lo cual
es muy importante”6.
“Decidí convertirme en el mejor maestro de shogi cuando tenía catorce años y dejé mi
casa en Hiroshima. Fui a casa del maestro Kimi en Osaka y me convertí en uno de sus
alumnos pupilos. Solía trabajar muy duro fregando platos, lavando ropa y haciendo recados.
La mayoría de los alumnos mayores me enseñaban shogi, pero el maestro Kimi nunca lo
hacía. Durante las prácticas, ni siquiera me daban los consejos caso por caso que pueden
encontrarse en los libros de tácticas para aficionados. Aunque me perdí muchas veces,
jamás me rendí y me entrené a mí mismo hasta que dominé las técnicas”7.
Mientras un alumno pupilo vive en casa de su maestro y lleva a cabo labores
domésticas, observa a su maestro enseñando a otros alumnos externos y entra en estrecho
contacto con la naturaleza humana de su maestro a través del aprendizaje de las técnicas.
Puesto que aprende la aproximación del maestro a las técnicas y el arte en la vida cotidiana,
las aprende naturalmente y domina el estilo de la escuela sin darse cuenta.
Puesto que lleva mucho tiempo aprender las técnicas de las artes marciales y otras artes
escénicas, cada vez hay menos alumnos pupilos. Su futuro no es prometedor incluso tras
muchos años de trabajo duro. No es necesario decir que la vida como alumno pupilo
tampoco es financieramente segura.
6 Masuda, Kozo. Ohte. Chuo Koron Shinsha, 34-35, 2003.
7 Masuda, Kozo. Ohte. Chuo Koron Shinsha, 80-81, 2003.
La esencia del entrenamiento (keiko) en la cultura japonesa

Desde la perspectiva del entrenamiento, convertirse en alumno pupilo es una manera
excelente porque se tienen muchas oportunidades de observar las prácticas y aprender las
técnicas. La técnica es un medio utilizado para pasar la cultura de las artes marciales y otras
artes escénicas a la siguiente generación. Descuidar el aprendizaje de las técnicas conduce
al declive de las artes marciales y otras artes escénicas. El significado educativo del sistema
de alumnos pupilos es aprender las técnicas empapándose de ellas.
Ikuta lo denominaba en su libro una iniciación a “un mundo de técnica”8. Moverse del
espacio de la vida cotidiana al espacio único del recinto de entrenamiento o dojo para
aprender las técnicas es significativo educativamente porque aumenta la capacidad del
alumno pupilo como aprendiz. En ese sentido, es más consciente de la iniciación al mundo
de la esgrima y aprende más técnicas tanto consciente como inconscientemente que un
alumno externo.
4. Entrenamiento y búsqueda
Ukichi Sato, autor de Kendo eterno, explicaba en su libro que consideraba el siguiente
pasaje de la conferencia de Max Weber La ciencia como vocación el espíritu fundamental
del entrenamiento del kendo:
“Y quien carezca de la capacidad de mirar hacia delante, hablar, y llegar a la conclusión
de que el destino de su alma depende de si hace la conjetura correcta acerca de este pasaje
de este manuscrito bien puede mantenerse alejado de la ciencia”9.
Sato insiste que los profesionales del kendo deben aplicar esta idea a sus
entrenamientos intensivos. Es provechoso dedicarse al entrenamiento del kendo
concentrándose en las técnicas y hacer un esfuerzo sincero con el simple espíritu de
aprenderlas.
El método de entrenamiento de las artes marciales y otras artes escénicas japonesas se
muestra en la figura 2. Es un simple círculo con tres puntos que representan: (A) Aprender
las técnicas correctas, (B) revisar las técnicas, (C) practicar las técnicas repetidamente.
Mientras un alumno revisa las técnicas correctas y continúa practicando, recibe poca
instrucción de su maestro. Después de la explicación de las técnicas básicas, continúa
practicándolas hasta que las puede usar inconscientemente. Se puede dar una breve
instrucción si se ve que cada movimiento es atrasado. El propósito de este método es dejar
que se tome un tiempo para practicar de acuerdo con su nivel. Aunque pueda parecer que
8 Ikuta, Kumiko. El papel del ‘lenguaje del oficio en la enseñanza del waza. University of Tokio Press, 67-91,
1987.
9 Weber, Max. Traducido por Odaka, Kunio. La ciencia como vocación, Iwanami Shoten Publishing, 22, 1992.


no, el alumno será capaz de encontrar una razón para su existencia y su pasión por
arriesgarla en el curso de la práctica.
Ayudado por esa pasión, practicará una y otra vez para adquirir las técnicas y lograr un
resultado impensable.
Tomio Yamanouchi, que posee el más alto rango en el kendo, siguió este principio de la
espada y pasó dos años y medio haciendo un millón de movimientos después de cumplir los
60. Me decía que “aproximadamente con 300.000 veces, aprendí la manera correcta de
sujetar la espada y aproximadamente con 700.000 u 800.000 veces, aprendí la manera
correcta de moverme. Cuando alcancé el millón, tenía esta indescriptible sensación en las
palmas de mi mano cuando atacaba y amenazaba con la espada”.
Este es un método fundamental para adquirir los elementos de las técnicas de blandir la
espada, que es el método más básico de adquirir las técnicas del kendo. Es también un
buen ejemplo para explicar que “saber” y “hacer” son diferentes.
Cuando se practican las artes marciales y otras artes escénicas, conocer las prácticas
no quiere decir que se puedan hacer. Específicamente en este caso, saber cómo se empuña
una espada de bambú y atacar con ella no quiere decir que se pueda emplear
inmediatamente la técnica. Sin prácticas estrictas y duras es imposible adquirir y emplear
ninguna técnica. Esta teoría se aplica no sólo a las artes marciales y otras artes escénicas,
sino también al campo académico.
5. Un mundo infinito
Aunque muchos libros introductorias a las artes marciales y otras artes escénicas
ofrecen fotos de cada movimiento técnico, no se puede aprender el “flujo del ma” (distancia
en el espacio y el tiempo) entre cada imagen. Es muy importante aprender el “flujo del ma”
en las artes marciales y otras artes escénicas. Sólo puede adquirirse mediante la corrección
del maestro, la revisión propia, y las prácticas repetidas.
Encontré un hecho interesante en la comparación del método de práctica e instrucción
del samisen (instrumento musical japonés) y el piano. Hoy, el samisen se aprende usando la
notación musical (o partitura), pero solía enseñarse mediante las instrucciones verbales del
maestro. Comparado con el viejo método, es mucho más fácil tocar el samisen ahora; sin
embargo, los expertos dicen que el sonido se ha vuelto “sin alma”. En otras palabras,
aunque la música es técnicamente correcta porque se toca de acuerdo con la nota musical,
no tiene ma y al sonido le falta la belleza esencial japonesa del wabi-sabi. “Sin alma” quiere
decir que no es atractiva para el oyente y que no tiene carácter. Aunque no es erróneo tocar
el samisen de acuerdo a la nota, tampoco es interesante escucharlo.
La esencia del entrenamiento (keiko) en la cultura japonesa
Un músico extranjero hizo una vez una observación sobre un pianista japonés diciendo:
“El pianista tocaba las notas musicales perfectamente y poseía técnicas avanzadas. Sin
embargo, sentí que la música era algo diferente”. Esto tiene algo en común con el sonido
“sin alma” del samisen. Puesto que cada intérprete tiene una personalidad diferente y ha
crecido en un ambiente diferente, la pasión hacia la música difiere naturalmente. Dichas
diferencias forman las características de cada intérprete y su habilidad para adquirir el ma.
Lo que toca o golpea la mente de uno está basado en el tipo y acumulación de
entrenamiento acumulado durante años. Puesto que no es una técnica que pueda ser
enseñada por alguien, necesitas aprenderla por ti mismo.
Uno se mueve imitando y practicando una y otra vez, y sin embargo, ni el maestro ni el
estudiante tienen un criterio claro acerca de cuándo pasar al siguiente nivel. El método
tradicional japonés de aprendizaje y enseñanza de técnicas no consiste en definir cada nivel
de manera que los estudiantes puedan establecer sus propios objetivos. En ese sentido,
cada nivel de las artes marciales es meramente un estándar sin más, y no asegura la
adquisición de las técnicas.
El objetivo último de la adquisición de la técnica es “sobrepasar” al maestro de cada uno;
no existen, sin embargo, precedentes ni fundamentos. Tú puedes estar convencido de haber
superado a tu maestro, pero puede que nadie más lo apruebe. Las artes marciales y otras
artes escénicas se consideran un “mundo infinito” debido a su nada clara definición de cada
nivel y su evaluación. A medida que quien vive en este mundo infinito crece, añade más
“profundidad” de acuerdo con su proceso de aprendizaje y su carácter. Algunos lo describen
como la quintaesencia de la técnica o el arte. Aunque cada uno tiene un estilo de kendo
diferente y es difícil concretar la diferencia, cada técnica representa una belleza y una
profundidad de la persona únicas a pesar de su invisibilidad.
En última instancia, no se puede repetir el mismo movimiento físico dos veces. Sin
embargo, puede llevarse a cabo mediante la adquisición del ma, que necesita ser adquirido
por uno mismo y no puede ser enseñado por nadie. Esto es un tema eterno en las artes
marciales y otras artes escénicas.
Aunque el entrenamiento en las artes marciales y otras artes escénicas se considera un
“mundo infinito”, el tiempo de retirarse llega cuando se siente “un desequilibrio entre la
mente, la técnica y el cuerpo”. Cada uno debe saber cuándo ha de parar.
6. El secreto del kendo y “La habilidad del gato”
La historia de “la habilidad del gato” (Neko no Myojyutsu) se encuentra en uno de los
libros tradicionales de secretos de esgrima llamado Inaka Soshi, que fue escrito por Chozan

Issai (nombre real: Niwa Juro Uemon Tadaaki) en el siglos XVIII (entre los periodos
Genroku y Kyoho).
Chozan era un samurai del dominio Sekiyado, situado en la desembocadura del río
Tone, que era muy próspero por el transporte de Edo y Choshi. Le pagaban como
comisionado de la bandera (hata bugyo) en el dominio y era experto en sintoísmo,
confucionismo y budismo con un conocimiento particular del taoísmo y del budismo zen.
La historia de la habilidad del gato fue valorada por Tesshu Yamaoka y rara vez lo
compartía con nadie aunque compartiese otros libros de no importa qué escuela. La historia
suena demasiado bien construida y artificial, pero trataré de explicarla llanamente.
La historia comienza con “había una vez un espadachín llamado Shoken”. Una enorme
rata comenzó a vivir en su casa y le causaba molestias corriendo enloquecida en su zaguán
durante el día.
Decidió alquilar un par de gatos expertos a sus vecinos y los puso en la habitación, pero
ninguno de ellos pudo con la rata. Impaciente, empuñó su espada de madera con una mano
y trató de golpearle, pero escapó a sus mandobles. Casi le muerde cuando no prestaba
atención.
Exhausto por la batalla con la gran rata, Shoken envainó la espada y tomó un breve
respiro. Entonces se acordó del rumor de un “gato de incomparable talento” que vivía a seis
o siete manzanas de su casa. Mandó inmediatamente un recado y alquiló el gato, aunque se
desanimó al ver la apariencia de éste, ya que parecía viejo, gandul y muy débil.
“Bien puedo darle una oportunidad y ponerlo en la habitación”, se dijo Shoken. Así que
abrió la puerta y echó al gato en la sala. Para su sorpresa, la rata salvaje se aterrorizó de
repente y no podía ni dar un paso. Sin esfuerzo alguno, el gato la cogió con la boca y se la
entregó a Shoken. Así, todas las molestias causadas por la rata desaparecieron de repente.
El tema principal de esta historia es la lección del gato gandul a los otros gatos expertos
y empieza aquí.
El “gato negro y rápido” comenzó hablando, frustrado. “Comencé mi entrenamiento para
atrapar ratones cuando era un cachorro y he estudiado las ventajas de la agilidad y las
acrobacias. Nunca he fallado al cazar ratones ni siquiera corriendo entre las dunas”. El gato
gandul respondió: “Lo único que aprendiste fue la forma de la técnica. Por eso siempre estás
constantemente buscando el momento de emplear tu técnica. El principio de la técnica se
enseña durante el periodo de adquisición de la misma. El principio en sí mismo puede
parecer simple, pero contiene una verdad profunda. Si sólo imitas la forma de la técnica sin
conocer la verdad del principio, tiendes a comparar tus técnicas con las de otros. Puesto que
no están basadas en la verdad o el principio, se vuelven artificiales y causan más mal que
bien”. Él evitaba el efecto pernicioso que podían causar aquellos que se orientan
exclusivamente a la práctica o que están orgullosos de sus técnicas.

A continuación, el “gran gato a rayas” se adelantó diciendo: “Lo que pienso que es
importante en las artes marciales es la fuerza de la energía (ki). Me entrenado en eso
durante tiempo. Mi energía se ha vuelto muy poderosa y grandemente expandida.
Solamente después de sobrepasar a mi oponente con mi energía concentrada (kiai), lucho
libremente con él de acuerdo a sus tácticas. Puedo emplear con facilidad cualquier táctica,
pero ninguna fue efectiva contra la rata”. El gato gandul dijo: “Sólo te has entrenado en el
uso de la fuerza de la energía. En ese caso, todavía confías en ti mismo. Eso funciona sólo
cuando tu oponente tiene menos energía, pero si tiene más, se sitúa fuera de tu control. No
tienes ninguna oportunidad contra alguien que arriesga su vida, como esa rata”.
El “viejo gato gris” dijo: “Yo ya he aprendido la teoría y he hecho un esfuerzo para
entrenar mi mente. Me he refrenado a mí mismo de expresar mi rabia, me he guardado de
luchar contra nadie, y mantenido mi paz mental. Esto es mi táctica de ‘golpear el aire’. Sin
embargo, mi paz mental no tuvo ninguna oportunidad contra la rata”. El gato gandul dijo: “Tu
táctica está más cerca del secreto que las que usan la fuerza de la energía pero, aún así, no
es natural porque razonas para hacerte con la paz. Necesitas dejar a un lado la discreción y
usar tus técnicas con un estado de mente de acuerdo con tu sentido”. De esta manera, el
gato gandul negó los métodos de entrenamiento de cada uno de los gatos, que se
dedicaban a la técnica (waza), la energía (ki) y la mente (kokoro), respectivamente. Cambió
el tono de su voz y concluyó: “Incluso el hombre mejor encuentra su partido. Cuando era
joven, había un gato en el pueblo vecino. No hacía más que dormir todo el día, y no tenía
energía alguna. Era como un gato de madera, pero extrañamente, no se veía ni una rata a
su alrededor. Si se le llevaba a un sitio infestado de ratas, desaparecían instantáneamente.
Le pregunté qué hacía, pero simplemente se rió en vez de darme una respuesta. Quien
conoce la verdad nunca habla y quien no la conoce habla siempre. Era realmente grande
porque poseía el estado mental de la no consciencia. Era muy superior a mí”.
Es un concepto difícil de aprender, pero el “secreto del kendo” es conseguir el estado no
consciente y sin objetivo de la nada, donde uno responde como el viento sin dejar rastro
ninguno.

Sumario
El mundo de la técnica parece generalmente enfocarse a las técnicas físicas; sin
embargo, como aprendemos a través de la historia de “La habilidad del gato”, sabemos que
se enfoca más allá de eso. En vista de los elementos que conforman las artes marciales y
otras artes escénicas, la adquisición de la técnica requiere primero concentrar los esfuerzos
en observar e imitar y después, en un estadio más avanzado, incorporar todo lo que te
inspire alrededor.

Por lo que veo en cómo mis alumnos aprendes las técnicas del kendo, he notado en
muchos casos que no se preparan de una manera sabia. Supongo que piensan adquirir las
técnicas en menos tiempo si se basan en un determinado currículo. Sin embargo, como he
explicado en el capítulo “Entrenamiento del alumno pupilo”, algo que se considera
innecesario en realidad contiene un importante elemento de aprendizaje. Todo aquello a lo
que estás expuesto mientras aprendes las técnicas te ayuda a construir tu propio estilo y a
profundizar en tus técnicas.

Apéndice I
Ozawa, Hiroshi. “Martial art and master-pupil relationship” [“Arte marcial y relación
maestro-alumno”]. Papers on Physical Education at Tokyo University of Science, volumen 6,
nº 1, 1989.
Al escribir este ensayo, entrevisté a un kendoka, Haruo Nozawa, acerca de su
experiencia como alumno pupilo, y lo resumía como sigue:
“En abril de 1956, me convertí en alumno pupilo en casa de mi maestro
inmediatamente después de graduarme en el instituto. Fui su primer y último alumno pupilo.
Me preguntaba si tendría que practicar kendo todo el día, porque no tenía ni idea de lo que
significaba convertirse en alumno pupilo.
Me encontré con que mi maestro estaba demasiado ocupado para compartir un
tiempo especial de práctica conmigo. Después de verle salir cada mañana, tenía que hacer
las labores de casa, como cuidar el jardín, limpiar el interior y el exterior de la casa, hacer
las compras, ayudar a su mujer a cocinar, tener el baño listo, y alimentar la chimenea.
Practicaba la esgrima con otros alumnos, que solían venir a casa cualquier día,
durante una hora, y los veía practicar con el maestro. El maestro no me procuró ninguna
instrucción básica, ni me enseñó el oficio. Ni siquiera sabía por qué me había convertido en
su alumno pupilo.
Todavía, al cabo de 30 años, recuerdo que tenía más oportunidades que nadie de
oírle hablar de kendo tanto en el desayuno como en la cena, donde todos los miembros de
su familia se reunían cada día. La razón es que el maestro nunca se paraba a beber de
camino a casa. Podía obtener toda la información sobre kendo más deprisa que cualquier
otro alumno.
Podía también obtener la teoría sobre kendo del maestro, que no mencionaba en el
dojo, a partir de pequeños detalles de su conversación. No tenía que dedicar un tiempo
especial a ello para tener esta oportunidad. Por ejemplo, me pedía que le ayudase a arreglar
el jardín los domingos. Yo estaba más que feliz de ayudarle porque él me hablaría no sólo
de kendo sino también otras historias interesantes mientras trabajábamos juntos.
Otra cosa que recuerdo es que aprendí con su esposa acerca de todo lo que
necesitaba en la vida diaria. Me enseñaba cómo doblar el uniforme de kendo, a limpiar los
suelos, poner papel nuevo en los paneles, cocer arroz usando el antiguo estilo de hornear,
alimentar el fuego, calentar un baño, y tú lo nombrabas y lo hacías. Lo que más recuerdo es
a la mujer del maestro contándome cómo sacar los zapatos de los invitados. Me decía que
había que limpiarlos si los encontraba sucios. La ayuda en las tareas de casa fue importante
para aprender las bases del kendo y la filosofía de vida fundamental. Me hace sentirme muy
orgulloso cuando alguien me dice que empiezo a parecerme a mi maestro”.

Apéndice 2
Ozawa, Hiroshi. “Sound of bamboo: Born in a house of kendoist” [“El sonido del
bambú: Nacido en casa de un kendoka”]. Shimazu Shobo, 1999.
En este ensayo, escribí por primera vez sobre el “entrenamiento como alumno
pupilo”.
“ I. Entrenar como alumno pupilo
Fue en abril de 1956 cuando el señor N apareció por nuestra casa por primera vez.
Todavía llevaba su uniforme del instituto cuando se convirtió en un miembro de nuestra
familia como alumno pupilo de mi padre. Comenzó a vivir en una pequeña habitación de la
vieja parte trasera de la casa con un techo de paja, que estaba cerca del dojo.
Como mi padre se levantaba temprano, no podía quedarme durmiendo. Tras
levantarme a las seis de la mañana, tenía que hacer mi cama y arreglar la casa. Esta tarea
se convirtió en la del sr. N desde ese día.
El sr. N se envolvía una toalla en la cabeza, recorría la casa con un trapo y una
escoba, y limpiaba rápidamente el pasillo, las columnas y los marcos de los paneles de
papel. Después de terminar de limpiar, se iba a la cocina donde mi padre estaba cocinando
en el horno, de manera que podía mantener una charla con él mientras se preparaba la
comida. Así solía emplear su descanso.
Durante todo el día, el sr. N seguía a mi padre, que siempre estaba en marcha. Solía
ir en bicicleta a la estación para ir a trabajar a Tokio. El sr. N se tomaba tiempo de su
apretada agenda diaria para sacar la bici, limpiarla y comprobar los neumáticos todos los
días. Aunque me decían que la limpiara yo y comprobara las llantas, el sr. N hacía el trabajo
antes de que pudiera hacerlo yo.
Después de ver a mi padre que se iba, el sr. N comenzaba a trabajar con mi madre.
Después de limpiar la mesa, iban al jardín a plantar semillas y tubérculos vegetales y
quitaban la maleza. Como el jardín era bastante grande, repetían la misma operación por la
tarde. Después de terminar con una sección, iban a la siguiente. Ni siquiera recuerdo lo que
les costaba terminar todo el jardín. Cuando lo hacían, la primera sección tenía de nuevo
maleza. Desde la primavera al final del verano, repetían cada día la limpieza de los
hierbajos.
Al caer la tarde, después de que el sr. N hubiese terminado el trabajo en el jardín,
montaba en su bici para ir a la ciudad a hacer las compras. Yo me montaba atrás y me iba
de compras con él. El camino empedrado a la ciudad hacía el paseo agitado en ocasiones.
Yo me agarraba fuerte a la espalda del sr. N.
Una vez, íbamos haciendo el tonto de vuelta de la ciudad. El sr. N soltó el manillar,
yo tiré una cesta de tofu, que por supuesto estaba bien empaquetado. Cuando llegamos a
casa y mi madre se encontró con el incidente, nos hizo sentarnos frente a ella y nos riñó por
jugar con la comida. En consecuencia, tuvimos que comernos el tofu. Todavía lo recuerdo
bien.
El sr. N me contó que no tenía ni idea de lo que era el entrenamiento como alumno
pupilo y que se preguntaba si tendría que practicar todo el día. En realidad, el entrenamiento
comenzaba cuando mi padre volvía a casa, después de la siete, y tras cenar. Una hora era
todo lo que tenían para practicar. Había como mucho diez alumnos y la mayoría de las
veces sólo tres o cuatro. Recuerdo que el kirikaeshi (práctica de ataque) era muy duro.
Aunque el tiempo de práctica sólo era de una hora, teníamos que atacar incontables veces
porque el número de alumnos no era muy grande.
Después de cinco minutos de esta práctica, se vuelve agotadora. Un atacante repite
una ronda hasta que el tiempo acaba. Era tan repetitivo como quitar la maleza del jardín.
Aunque el método de práctica nunca cambiaba, ocasionalmente teníamos invitados
de otro dojo como intercambio. Todos los alumnos abrían bien los ojos y contemplaban la
práctica.
Mi padre era de constitución pequeña, pero un hombre grande no podía derribarlo
fácilmente. Un alumno mayor me dijo que pegaba los ojos al movimiento de sus pies,
postura y ataques. Algunos alumnos sólo miraban por debajo de sus rodillas.
Como entonces era sólo un principiante, jugaba fuera todo el día, y cuando la
práctica empezaba, a las 8 de la noche, estaba somnoliento y cansado. E sr. N. solía
llevarme a cuestas hasta el dojo. A veces me quedaba dormido nada más sentarme en el
suelo. Cuando lo hacía, un toque del shinai de mi padre me despertaba.
Cuando no teníamos prácticas por la tarde, solía pedirle que jugásemos a coger
después de que terminaba el trabajo en el jardín. Gracias a él, me convertí en un buen
jugador de béisbol.
También nos bañábamos juntos y jugábamos en su habitación antes de irnos a la
cama. Recuerdo que a veces me daba caramelos. Cuando era joven, era enfermizo y me
acatarraba bastante a menudo. Cuando me ponía malo, me ponía en la parte de atrás de su
bicicleta y me llevaba al hospital, a la ciudad, porque mi madre no podía montar en bici.
Los domingos por la mañana temprano mi ocupado padre solía pedir al sr. N que le
ayudase a limpiar el jardín. Seguía a mi padre al jardín para hablar de kendo mientras
trabajaban juntos. A veces yo no podía entender de qué hablaban.
En los años 50 teníamos que hacer el arroz en el horno. Teníamos que llevar
también cubos de agua al baño muchas veces, acarrear leña y alimentar el fuego para
calentar el baño. Era un método primitivo si consideramos cómo lo hacemos ahora, pero
tengo buenos recuerdos de entonces. La razón por la que nunca me cuestioné por qué
hacía esos trabajos era porque me sentía contento con mi vida simple.
El sr. N permaneció con nosotros sólo un año y trabajó muy duro en el jardín. Puesto
que me cuidó especialmente, mantengo con él un contacto más estrecho que el resto de la
familia.
Treinta y ocho años después de que el sr. N se convirtiese en alumno pupilo de mi
padre, recibió el más alto grado de kendo (Han-shi), en mayo de 1994. Es una pena que mi
padre no esté hoy aquí para verlo. El sr. N del que os he hablado es el señor Haruo
Nozawa”.

Documento extraido de http://solotxt.brinkster.net/aken/La%20esencia%20del%20entrenamiento.pdf

Editado PortalBudo

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